E’a: una capuera como espejo del arte y del trabajo humano
En el Museo Juan Yaparí, la muestra colectiva E’a reúne a 31 artistas que exploran los límites del arte misionero. Con obras vivas y compromiso, la exposición invita al asombro y a repensar el arte como trabajo humano, como parte esencial de nuestra identidad cultural. Entrada libre y gratuita.
El viernes pasado, la vereda del Museo Provincial Juan Yaparí estaba cargada de asombro. E’a, ¿qué es esto de la capuera?. Lo que pasaba era sorprendente, más de 30 artistas, bajo la curaduría de Jimena Bueno y Andrés Gorzycki, inauguraron la Exposición Colectiva E’a. La cita prometía, pero lo que ocurrió superó cualquier expectativa. La intriga y el asombro guiaban cada paso por el espacio que invitaba a mirar la naturaleza y el arte desde nuevas perspectivas.

La cantidad de gente desbordó la escena. No era solo el círculo íntimo de familias y amigos; había colegas artistas, periodistas, gestores culturales, curiosos que pasaban por el centro y decidieron quedarse, autoridades, estudiantes de arte, y personas que quizá nunca antes habían pisado un museo. La inauguración se volvió un evento en sí mismo, una postal de lo que pasa cuando el arte logra convocar de verdad.
La exposición E’a permanecerá hasta el 31 de agosto en la sala de Sarmiento y Colón, abierta todos los días hasta las 20. Según el colectivo de artistas, explora “los límites del arte misionero”. En realidad, rompe todos los bordes: nadie esperaba tanto desborde creativo, tanta materia y energía circulando junta. Hay obras que respiran, literalmente. Como las máscaras con sustrato de hongos de Horacio Flores, donde ya brotaron gírgolas durante el montaje. Sus ramitos azules parecen moldeados por las manos de alguien que trabaja la arcilla, con la paciencia y la dedicación de quien conoce cada curva de su oficio. Pero no: son hongos, creciendo en tiempo real sobre la obra, como si el museo mismo respirara.

La puesta es el resultado de un año de investigación y trabajo colectivo, con apoyo del Fondo Nacional de las Artes, el Museo de la Triple Frontera, la Secretaría de Cultura y algunos comercios locales que entienden que el arte no es un adorno, sino un oficio que sostiene memoria e identidad. No es una muestra convencional: E’a es un campo magnético que convoca cuerpos, recursos y voluntades para celebrar lo que ya existe y resiste.

Antes de llegar al muro de tacuaras misioneras —que sostiene un grafiti de Dani Azida—, un guardián se impone: una figura monumental de madera creada por José Motkoski, quien empezó a tallar tras una visión espiritual. José, jamás imaginó exponer en un museo. Su historia atraviesa el muro de esta muestra: el arte como respuesta vital ante la adversidad.
En la capuera del Yaparí conviven sapos, cucarachas, plásticos, videoarte, cerámica, óleo, arte textil, fotografías e instalaciones. Hay que saber mirar. El barro que Valeria Anzuate pisó de niña vuelve aquí convertido en 365 corazones, uno para cada día del año. El paisaje misionero no es telón de fondo: es un barroco desbordado que contamina todas las piezas. No hay obras aisladas; hay un ecosistema que se mezcla y se tensiona.

Cuál es el límite del arte
Durante su primera semana, la exposición recibió casi 100 personas en la apertura y un promedio diario de 20 visitantes, algo que en el Yaparí no se veía desde los años 80. Pero detrás de este logro aparece la pregunta incómoda: ¿Cuáles son los verdaderos límites del arte en Misiones? No son estéticos, son económicos. Tener un espacio no alcanza si no hay recursos para montar. La inmensa estructura de tacuaras –por ejemplo- se levantó gracias a manos que trabajaron sin cobrar, personas que no solo ofrecieron su tiempo, sino que pusieron plata de su bolsillo para que la obra fuera posible. Esa noche de apertura hubo flashes, cortes de cinta, autoridades, declaraciones de interés cultural… para quienes crearon, coordinaron, curaron y montaron semejante exposición, solo hay reconocimiento simbólico. Y ahí está la verdad incómoda: el arte no se sostiene solo con aplausos. El arte es trabajo. Requiere herramientas, insumos, logística y tiempo que alguien debe costear. Cada obra en E’a es también el testimonio de horas de esfuerzo invisible, de un oficio que, como los hongos en la máscara de Flores, crece y florece a pesar de un terreno que muchas veces no es fértil.

Una vez más quedó claro: detrás de cada pieza artística hay un recorrido humano que no se paga con ceremonias ni con placas de reconocimiento. E’a es también ese recordatorio: el arte respira, pero para seguir vivo necesita ser reconocido como trabajo.
El entusiasmo del público y la repercusión mediática dejaron en claro que la propuesta tocó una fibra sensible. Sin embargo, detrás de ese brillo, quedó flotando una postal que se repite en el ámbito cultural, donde el esfuerzo se celebra, pero rara vez se compensa en la misma medida.
E’a ¿de qué vive un artista?

Actividades especiales en el marco de E’a
📍 Museo Provincial Juan Yaparí – Entrada libre y gratuita
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Sábado 9 de agosto – 17 h
Ejercicios para mirar mejor – Visita guiada con Cina Braga.
Presentación de procesos de obra: Maflo Martínez (Capueranía) y Sonia Abián (Una nueva forma de ceguera…). -
Sábado 16 de agosto – 18 h
Memorias de la tierra – Performance + degustación con Agus Navarro. -
Sábado 23 de agosto – 18 h
Conversatorio: Lenguaje guaraní, identidad fronteriza e iconografía espiritual regional, con Yanina Azucena, Valeria Darnet, Lorenzo González Baltazar y César Iván Bondar. -
Sábado 30 de agosto – 18 h
Cierre de muestra con recital de Kube y su conjunto + brindis final.
