Cine Debate Yerbatero: una jornada para debatir quién se queda con la riqueza de la yerba
En Posadas se proyectaron dos películas sobre la situación laboral en los yerbales y el costo de la hoja de yerba mate. La actividad reunió a trabajadores del sector y contó con la participación del presidente de APAM, Hugo Sand, crítico de las políticas de desregulación impulsadas por Javier Milei y acompañadas por legisladores misioneros en el Congreso Nacional.
Proyecciones y diálogo en Posadas pusieron en primer plano el costo real de la yerba mate y sus efectos en productores y trabajadores. Durante el encuentro se proyectaron dos películas que abordaron la situación laboral en los yerbales y el costo de la hoja de yerba mate. La actividad reunió a trabajadores del sector yerbatero y contó con la participación del histórico referente y presidente de la Asociación de Productores Agropecuarios de Misiones (APAM), Hugo Sand, uno de los principales críticos de las políticas de desregulación del mercado impulsadas por el presidente Javier Milei y acompañadas por los legisladores misioneros en el Congreso Nacional.
El pasado viernes 26, la Asociación Sanmartiniana de Posadas se convirtió en un espacio de encuentro y reflexión con el Cine Debate Yerbatero, una jornada que reunió a tareferos, estudiantes, docentes, comunicadores y vecinos para proyectar audiovisuales y abrir un diálogo sobre los costos reales de la yerba mate. La convocatoria, que comenzó a las 18:00, buscó poner en primer plano no el precio en góndola, sino las condiciones y las remuneraciones que sostienen la cadena productiva.
La velada se inauguró con la proyección de "Raídos”, del director argentino Diego Marcone, seguida del cortometraje Desarraigo, producido por INDISCIPLINADXS y filmado en San Pedro, Misiones. Ambas producciones funcionaron como punto de partida para una jornada cargada de emociones. Mostraron imágenes del trabajo en la chacra, testimonios reales y escenas que condensan la tensión entre la tradición productiva y las lógicas de mercado actuales. La sala, con una asistencia variada, permaneció en silencio durante las proyecciones; al terminar, las reacciones fueron inmediatas. Se abrió una ronda de diálogo en la que participaron realizadores, productores, tareferos y público general. Las intervenciones combinaron datos, relatos personales y reclamos concretos. Entre las voces que tomaron la palabra se destacó la de Javier Gortari, profesor de la Universidad Nacional de Misiones, quien resumió con dureza la sensación compartida por muchos asistentes: "No existe una crisis de la yerba mate, sino un robo de la yerba mate", disparó.
A esa afirmación se sumaron testimonios de quienes viven la producción en primera persona. Una mujer tarefera describió las condiciones de trabajo y la precariedad de los pagos: “la yerba que toman todos, no llega a nosotros con el valor que genera. Cobrar lo justo es una cuestión de dignidad. Queremos que la interzafra sea ley”.
Desde el campo de la producción audiovisual, quienes participaron explicaron el propósito de sus films: visibilizar procesos invisibles y generar empatía para impulsar cambios.
Las intervenciones dejaron al descubierto que el conflicto excede el precio de la hoja verde y remite a un debate más amplio sobre la distribución del valor dentro de la cadena yerbatera.
¿A dónde va la riqueza?
El eje central de la jornada fue la pregunta por la distribución de la riqueza generada por la yerba mate. Los participantes coincidieron en diferenciar el precio final del producto del precio que perciben productores y obreros. Se recordó el rol histórico de la yerba en la economía regional y se planteó la paradoja: un cultivo emblemático que no garantiza condiciones dignas a quienes lo producen.
Durante el intercambio surgieron críticas a las cadenas de intermediación, a la concentración de beneficios en etapas posteriores a la producción y a la falta de políticas públicas que protejan a los trabajadores rurales. También se mencionó la necesidad de fortalecer canales de comercialización directa y de promover acuerdos que mejoren la transparencia en la cadena.
El sector yerbatero en Misiones atraviesa una de las crisis de mayor impacto de los últimos años. Con el DNU 70/2023, el gobierno nacional desreguló profundamente la industria de la yerba mate en Argentina al despojar al Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM) de sus facultades para fijar precios mínimos para las materias primas (como la hoja verde) y suprimió las restricciones de cultivo. La eliminación de los controles de precios base de la cosecha supuso un cambio en el sector hacia un sistema de libre mercado. El DNU eliminó las restricciones que limitaban la expansión de los yerbales, permitiendo nuevas plantaciones sin el tope histórico de cinco hectáreas anuales o el 2% de la superficie declarada. Y también habilitó la reposición sin límites de plantas secas o muertas dentro de los lotes registrados. Pequeños y medianos productores del litoral se vieron especialmente afectados por este escenario, que favorece una mayor concentración de la producción en manos de grandes empresarios.
En los últimos meses cientos de trabajadores yerbateros se vieron obligados a emigrar a Brasil, en busca de mejorar sus ingresos y sus condiciones laborales. Según publicó el medio brasilero Folha, “durante el último año, 40.000 trabajadores originarios de Misiones obtuvieron el Cadastro de Pessoa Física (CPF)”, el documento que habilita a formalizar situación laboral en Brasil y el acceso a servicios y derechos. Esta cifra oficial ilustra el éxodo de mano de obra rural hacia el país vecino en un contexto de crisis del sector. Representa sólo a quienes formalizan su presencia en aquel país. Muchos trabajadores cruzan la frontera de forma irregular para realizar trabajos temporales, lo que sugiere que el flujo migratorio real podría ser aún mayor.
Propuestas y compromisos
Aunque la jornada fue principalmente de visibilización y debate, se esbozaron propuestas concretas: impulsar mesas de trabajo entre productores, universidades y organismos estatales; promover campañas de consumo responsable que informen sobre origen y condiciones de producción; y articular acciones de comunicación para mantener el tema en la agenda pública. Los organizadores anunciaron la intención de replicar el ciclo en otras localidades y de generar materiales que sirvan como insumo para futuras instancias de discusión.
La experiencia del Cine Debate Yerbatero mostró que el problema no es solo económico sino también cultural y político: la yerba mate es un símbolo identitario cuya cadena productiva revela tensiones estructurales. Visibilizar esas tensiones a través del cine y el diálogo comunitario es un primer paso necesario, pero insuficiente si no se traduce en medidas concretas que modifiquen la distribución del valor. La frase de Gortari —que muchos aplaudieron y otros replicaron con relatos propios— sintetiza una sensación extendida: no se trata únicamente de corregir precios, sino de repensar las reglas que determinan quién se beneficia y quién queda al margen.
Si la yerba mate fue motor del desarrollo regional, la pregunta que quedó flotando al final de la jornada es política y urgente: ¿cómo recuperar para la comunidad la riqueza que genera su trabajo? La respuesta requerirá articulación entre productores, sociedad civil, académicos y Estado y, sobre todo, la voluntad de transformar la visibilización en políticas y prácticas que garanticen justicia distributiva y condiciones dignas para quienes hacen posible la yerba que llega a nuestras mesas.