Héctor Tabbia: "Crear también es habitar el espacio"
Entre alambres, dibujos, pinturas y materiales inesperados, Héctor Tabbia explora el arte como una forma de registro, descubrimiento y descarga. En su proceso creativo conviven la técnica, la intuición, la observación y una búsqueda constante de nuevas formas de expresión. La muestra “Atado con Alambre” se inaugura en Tanta Tinta Bar Cultural, donde el artista presenta parte de este universo en construcción.
Jugar con el alambre
El 30 de julio por la mañana me acerqué a Garupá, a la Ferretería El Indio, para conversar con Héctor sobre su arte y sus diversos oficios. Lo encontré tranquilo, mate de por medio, mientras calentaba agua en una antigua cocina a leña. Y, por supuesto, no podía faltar la chipa.
Con sus manos, Héctor manipulaba alambres.
—Contame un poco de eso que estás haciendo.
—Esto que estoy haciendo es jugar con el alambre. La verdad que es la primera vez que hago esto, pero hace un montón de tiempo que lo quería hacer. Lo que más me gusta de trabajar con el alambre es que descargás en los dedos, porque vas articulando, y eso siento que me va calmando la ansiedad. Es algo muy terapéutico trabajar con alambre.

Mientras avanza, también practica anatomía. Utiliza un libro de anatomía de Loomis como referencia para comprender cómo funciona el cuerpo y conseguir proporciones más precisas en las figuras que construye.
El trabajo con el alambre, además, forma parte de una búsqueda mayor. Héctor planea realizar una muestra en la que estos personajes convivan con una maqueta, un escenario y distintas formas abstractas, construyendo una especie de instalación.
La inspiración aparece cuando uno está atento
Para Héctor, crear también implica aprender a escuchar aquello que aparece inesperadamente.
“La inspiración a veces viene del silencio, de no hacer nada. A veces, cuando uno está muy enfocado y arriba de un trabajo, se pierde la magia. Eso es lo que más me gusta de crear: que nunca sabés cuándo viene, cuándo llega, y tenés que estar atento para bajar la información”.
Hay que saber ver las señales.
Y también interpretarlas. Para Héctor, dibujar es una forma de registrar lo que sucede alrededor. Por eso lleva siempre consigo un cuaderno, tenga o no ganas de dibujar. Allí puede aparecer una palabra, un dibujo o incluso un objeto que se incorpora como parte de ese registro cotidiano.
“La vida es una experiencia que hay que tratar de interpretar. Interpretar todos los sucesos simples que pasan, porque de ahí radica también un poco la creatividad”.
Recopilar para transformar
Su proceso creativo también está atravesado por la investigación. Héctor cuenta que aprendió durante su formación a recopilar antecedentes, observar a otros artistas y consumir aquellas obras y técnicas que despiertan su interés.
“Recopilar información y transformarla en algo propio”.
Buscar diferentes artistas y técnicas no significa copiar, sino nutrirse de esas experiencias para intentar construir algo nuevo. La observación ocupa, entonces, un lugar central en su manera de trabajar.
Técnica, juego y libertad
A la hora de crear, Héctor reconoce una tensión entre lo técnico y lo expresivo. Le interesa dominar ciertas reglas, pero también romperlas.
“Me gusta ser técnico en algunas cuestiones, pero también me gusta romper esa regla y poder expresarlo”.
Es allí donde aparece el color, los trazos más desprolijos y una manera más libre de trabajar. Dejar de lado por momentos lo racional permite que el proceso fluya y, sobre todo, que vuelva a aparecer el disfrute.
“No limitarse, tratar de fluir con la hoja, con el lienzo, con cualquier material que estés”.
Para él, cada material ofrece una libertad diferente. El dibujo puede ser técnico y preciso, pero también abstracto, suelto o incluso desprolijo. En esa posibilidad de moverse entre distintos lenguajes encuentra parte de su búsqueda artística.
Mirar a otros para ampliar la propia mirada
El arte visual, sostiene Héctor, es amplio y permite múltiples caminos. El collage, por ejemplo, aparece como otra posibilidad para transformar y darle personalidad a una obra.
Observar cómo trabajan otros artistas también forma parte del aprendizaje. No todos piensan ni trabajan de la misma manera, y justamente en esas diferencias aparece la posibilidad de nutrirse.
“La observación es algo que siempre hay que tener abierta, despierta”.
Luz Periférica: una comunidad para crear
Héctor también forma parte de Luz Periférica, una comunidad vinculada al modelaje en vivo y al dibujo.
“La verdad que creo que todos tenemos algo en común, que son las ganas de crear. Creo que eso es lo que nos unió y lo que nos fortaleció también un poco”.
Destaca especialmente la posibilidad de compartir conocimientos. En un espacio donde muchas personas poseen saberes y experiencias diferentes, el intercambio se convierte en una herramienta colectiva de aprendizaje.
Para Héctor, esa apertura es precisamente una de las cosas más valiosas del grupo: aprender, absorber conocimientos y, al mismo tiempo, compartirlos.
Experimentar sin tener todas las respuestas
La experimentación aparece también en sus pinturas. En uno de los procesos registrados durante la conversación, Héctor prepara una pintura con ferrita, probando materiales y colores sin recurrir necesariamente a una fórmula previa.
“Ni siquiera Googleé nada, cómo se hace, pero nada, a pura intuición.”
La prueba, el error y la observación del resultado se convierten en parte de la obra. El color, la textura y las proporciones van apareciendo durante el proceso, mientras Héctor descubre qué posibilidades ofrece cada material.
Su búsqueda también implica salir de lo conocido y de lo comercial: explorar otros materiales, abandonar por momentos los acrílicos convencionales y preguntarse qué puede suceder cuando se trabaja de otra manera.
El arte como descarga
Más allá de la técnica, hay una dimensión emocional que atraviesa su trabajo.
Héctor reconoce que pintar, dibujar o intervenir un espacio puede tener un efecto terapéutico: una forma de descargar energía acumulada y transformar aquello que lleva adentro.
“Cumple un rol terapéutico el arte, obvio. Igual que esto, estar pintando así un muro o cualquier cosa, es descargar y sacarte energía que tenés acumulada”.
Su relación con el arte parece construirse justamente en ese movimiento: hacer, probar, equivocarse, observar, volver a empezar y dejar que el material indique nuevos caminos.
El arte y el territorio
Esta búsqueda personal también se conecta con una mirada más amplia sobre el territorio que habita. Para Héctor, el arte puede convertirse en una herramienta para acompañar las luchas y problemáticas sociales de Misiones.
En ese sentido, observa con preocupación la situación de comunidades como la Mbya Guaraní de Puente Quemado II y su resistencia frente al avance de las empresas forestales para defender el monte ancestral.
Desde esta perspectiva, el territorio no puede ser entendido solamente como un recurso económico. Es también identidad, memoria, pertenencia y vida. Y el arte, para Héctor, puede asumir el compromiso de acompañar esas luchas, generar visibilidad y construir espacios de reflexión.
Habitar el espacio
Al finalizar la conversación, Héctor dejó una frase que resumía su manera de comprender tanto el arte como la vida:
“Hay que habitar el espacio, habitarlo con amor y respeto”.
Hoy, 20 de agosto, a las 19 horas, Atado con Alambre abrirá sus puertas en Tanta Tinta Bar Cultural, e invitará al público a recorrer ese universo construido entre alambres, intuición, observación y una búsqueda constante por descubrir nuevas formas de crear.

Pero esta muestra es solo un punto de llegada. Héctor ya tiene en el horizonte un nuevo encuentro con el público: el 12 de noviembre será la inauguración de su próxima muestra en el Centro Cultural Vicente Cidade, Sala Kowalski.
Dos momentos, dos espacios y una misma búsqueda: seguir experimentando, transformar materiales y encontrar nuevas maneras de expresar aquello que muchas veces resulta difícil poner en palabras.
Quizás, en definitiva, expresarnos sin culpa ni inseguridad y aprender a ser más suaves en el trato también sea una forma de habitar el espacio.